Introducción La historia de Adonis es sobrecogedora. Se trata de uno de los lectores más entusiastas de la web, pero de repente un buen día, sorprendió a todos con su decisión de abandonar el culturismo. A continuación, os dejamos con tres mensajes enviados por él al foro, los cuales relatan su historia. El primero, cuando decide abandonar el culturismo. El segundo, una respuesta que da a otro lector sobre por qué entrenamos. El tercero, su regreso. Os dejamos con sus palabras. 24 de Agosto de 2002, 06:51  Amigos, Adonis abandona el culturismo Buenas noches. Desde mi ventana veo el amanecer. 6:51 am de un Sábado cualquiera de Agosto. Este es mi primer post desde hace un mes, cuando me despedí a causa de mis vacaciones, y lamento añadir que será el último. Las razones son muchas y se hacían poderosas. Hasta ahora las dominaba y conseguía controlar, apelando al estímulo de superación que se regenta en mi pasada debilidad infantil. Pero esta vez han conseguido derribarme. Nunca me han gustado las despedidas. Por eso pensé en retirarme hace una semana cuando vine de vacaciones, pero simplemente creí que merecíais una respuesta todos aquellos a los que, desde donde quiera que estéis o en cualquier momento, se os hayan pasado por la cabeza algunos de mis comentarios, sugerencias o aportaciones, con las cuales he contribuido gustosamente para hacer cada día más sólido el espíritu de Anabolandia, la esencia del culturismo. Por eso, antes de marchar, quiero que todos sepáis que, de alguna o de otra manera, me siento orgulloso de pertenecer a esta gran web, a este pequeño mundo de incomprendidos que enarbolamos una filosofía todavía más incomprendida. Agradezco a todos aquellos que me escribisteis al correo y no pude responder. Sin más, deseo que mis consejos os hayan ayudado y ayuden en un futuro a nuevos lectores, como en su día me ayudaron a mi. Haced fuerte el culturismo y recordad que la quintaesencia de éste son un matrimonio bien avenido entre constancia y superación, donde debemos perseguir, concentrar y proyectar cada estímulo, cada ápice de energía, cada una de nuestras células en apretar los dientes y levantar de una vez ese peso que tanto se nos resiste. Recordad y tenedlo siempre muy presente: «más fuerte será la recompensa cuanto más fuerte sea el esfuerzo». Hasta siempre, amigos. Esta vez no he podido con las circunstancias, pero quien fue culturista, nunca dejará de serlo y, por ello, volveré a enfrentarme a ellas en un tiempo, una y otra vez, hasta que logre doblegarlas, como estoy seguro de que haré. Como me repito cada vez que abro los ojos cada mañana: «si crees que puedes hacerlo, estás más cerca de conseguirlo». Afortunadamente, solo es cuestión de tiempo. Hasta pronto. 10 de Enero de 2003, 03:05 Amigos, lo prometido es deuda Viernes, hace frío fuera. Mucho intuyo desde aquí, el calendario marca 10 de Enero de 2003 y el reloj da las 3 y pico de la mañana. Pero todavía no es el momento de hablar de mí. Tiempo habrá. Y será pronto. Hacía mucho que no volvía por aquí y me es grato encontraros. Podría poner adjetivos, pero no haría justicia: me quedaría corto. Como he dicho, no es momento hoy de hablar de mí. Volveré. Como acabo de hacer. ¿Por qué entrenamos? Yo te lo diré. Entrenamos porque somos diferentes. No nos valen los cánones prefijados para el resto, las costumbres irreflexivas adquiridas, los viejos hábitos y el consabido «como Dios manda». No nos conformamos con soñar con lo que podemos ser, sino con luchar por conseguirlo y hacer de ese medio el verdadero fin de nuestra existencia como culturistas. No, no es eso. A nosotros nos mueve un inextinguible instinto de superación, en especial, con nosotros mismos. Una felicidad efímera que engancha a nuestras endorfinas y nos lleva a ser mejores que ayer y, si se puede, que mañana. Entrenamos porque un día fuimos débiles e inseguros, con nosotros y con nuestro cuerpo. Porque un día vimos a unos culturistas en alguna portada de revista en un kiosko mientras andábamos perdidos y pensamos, en ese momento, que así queríamos ser. Es la sensación de encontrar algo que buscas y no sabes qué. La sensación que llena un vacío que no puedes explicar. El sentimiento que tienes en el estómago cuando te enamoras. El culturismo es como un paso por encima de lo preestablecido. Entrenamos simplemente por algo tan banal como que nos gusta y que así lo hemos elegido, razones suficientes. La filosofía culturista es inherente a tí las veinticuatro horas pero no el entrenar, o al pincharte o incluso al seguir una dieta. Culturismo significa mejorar en todos los aspectos de la vida, el no conformarse con lo que parece preestablecido, en un clima de rivalidad, donde el adversario se torna compañero. Buena prueba de ello es este inconmensurable foro. En el culturismo, se premia la regularidad. No el no caer nunca, sino el levantarse cada vez que se cae. Esa es la esencia del culturismo. Entrenamos, comemos, tomamos y descansamos lo necesario para hacernos felices porque queremos ver el sentido de cada día, hacernos creer que estamos aquí por algo. No existe sensación más fructífera que la de superarte cada día, que la de enfrentarte a esa pila de mancuernas y pesos unos tras otros sin fin, y canalizar en breves instantes la fuerza que llevas dentro y que solamente tú puedes sacar para vencerlos. Y desafías a los elementos, a los días de lluvia, de frío, festivos, viernes, fiestas, problemas, comentarios, malos días, trabajo... y tú allí, caminando contra viento y marea, contra las circunstancias. Porque eres más fuerte. Te lo debes a tí mismo porque en un pasado soñaste con que lo conseguirías y no puedes traicionarte. Es una prueba constante contra la indolencia del ser humano: los elementos o tú, esa repetición de más, ese paso final, esas ansias que despiertan la necesidad imperiosa de estallar y gritar en silencio la intensidad de lo que sentimos, plasmado a golpe de mancuerna. En definitiva, entrenamos porque es parte de nosotros mismos, porque sin hacerlo no seríamos nosotros, seríamos otra persona. Nos sentiríamos distintos y tarde o temprano retomaríamos el camino que sabemos nos pertenece. Como dije allá por Abril: «nada es más tuyo que tu propio cuerpo» y nada merece más dedicación, excepto algo que también lo es, como puede ser nuestros futuros hijos, que también, vienen de nuestro cuerpo. Y concluyo respondiendo con otra pregunta: ¿estamos locos? Puede. ¿Quién sabe si lo estamos? ¿Quién lo juzga? Lo que sí sé y tengo claro es que, si lo estamos y eso significa no ser como el resto, no renunciar a un sueño y a un cuerpo que la naturaleza nos ha brindado la posibilidad de esculpir de forma lenta y paulatina para poder valorar así cada progreso, sin duda, nos quedamos con seguir estando locos. Volveré. 6 de Marzo de 2003, 20:15 Amigos, Adonis retoma el culturismo Jueves. 20:15h de un soleado día de Marzo que llega a su fin. Creo que ha llegado el momento... y aunque no sea así, no me importa, quiero hacerlo... Ha pasado mucho desde que algunos de vosotros supisteis de mí por última vez. Lo sé. Y lo siento. Nunca me han gustado las despedidas, ni tampoco las presentaciones. Creo en la constancia, día a día, sin hacer ruido ni alardes, esa es la verdadera esencia del culturismo. Para los que me conocisteis a principios del año pasado, antes de mandarlo todo por la borda, deciros que me acuerdo de todos vosotros y de vuestras palabras. En este foro, (se refiere al cambio del foro de la web) apenas tengo algún post. Mi «vida» la pasé en el foro anterior de Anabolandia, del que guardo viejos recuerdos y amigos, que espero incrementar. Para mí es hora de retomar lo que nunca debí abandonar, y lo voy a hacer si cabe, todavía mejor. A los que no me conocen, decirles que cometí graves errores en el pasado, de todo tipo. Quizás tampoco interese ahora conocer mi historia, salvo el riesgo inherente de que alguien la repita. Para los que preguntasteis en su día, juré que volvería y daría una explicación, del mismo modo que juro que algún día seré más grande de lo que fui. Como he dicho, ha llegado el momento. Mi lema siempre fue que nada es más tuyo que tu propio cuerpo y, por ello, nada merece más cuidados y dedicación. En el pasado impliqué algo más que mi cuerpo, mis sentimientos y, sobre todo, a otra persona a la que amaba, en un país extranjero cuando volvíamos a España, con la maleta llena hasta arriba de esteroides y hormonas. No era consciente de mi enfermedad, mucho más allá de la vigorexia, dismorfobia u ortorexia. Era adicción, pura y dura. Con síndrome de abstinencia, con absoluto descontrol y en lo único que encontraba placer... y no dudaba en hacer lo que fuese para conseguir ser más grande que ayer, y si cabe, que mañana. Esa historia está llena de tragedias: llegué a robar a mi novia, a hipotecar la casa, pensé en traficar o prostituirme incluso, pensé comprar o falsificar recetas para conseguir GH, insulina, oxandrolona, yohimbina... incluso compré lutalyse a pesar de tener la certeza de que era falso, con la esperanza de duplicar la dosis por si iba infradosificado, albergando un atisbo de encontrar allí el elixir que definiese mi cuerpo soñado. Todo terminó en la aduana del aeropuerto de Dublín, una noche de verano, a donde habíamos ido mi pareja y yo, a un año vista de nuestra boda. Contacté con un grupo británico que importaba roids de distribuidores de U.S.A., los cuales abastecían a los profesionales. Y eran buenos. Y a buen precio. Cegado por la avaricia y engañándome sobre el riesgo que iba a correr, llené hasta arriba la maleta de mi novia implorando a un Dios, que tantas veces había negado, que no me fallase esta vez. Y falló. Desde aquel día, todo dejó de tener sentido, dejó de importarme el pico de mi bíceps o la separación de mis pectorales. Dejó de importarme cada caloría, lípido o gramo de mi dieta. Dejó de importarme el último descubrimiento o combinación de Setth para maximizar el ciclo. Dejó de importarme todo, absolutamente todo, nada ya tenía sentido. Pero fue aún peor. Humillado por dentro, veía como día a día me desinflaba como jamás pensé que en la vida me pasaría, fruto de un cúmulo de ciclo tras ciclo. Tuve una infancia difícil y, en parte, sentirme grande me hacía sentirme superior. Recurrí a la cirugía con los últimos de mis ahorros. Quería unos pectorales perfectos y estaba la alternativa de los implantes. No me funcionó y acabé por despegarme 2cm la caja torácica, en un último intento por sentirme orgulloso cada vez que me mirase al espejo evocando mi pasado.  Todo eso acabó. He vuelto a los orígenes, a entrenar a muerte, a comer hasta reventar, a descansar como un muerto y a pasar de los roids, que por otra parte, ya no puedo conseguir. Ahora, desde mi nueva perspectiva, me doy cuenta de lo que fui y de qué modo llegué a perder la cabeza. Pero sé que llegará pronto el día que los necesite, en esas cajas tan insulsas llenas de figuras ortopédicas monocromáticas, con olor a etanol. Muy pronto, quizás demasiado... Y será un reto no volver a cometer los errores que me arruinaron en el pasado. Esta vez solamente comprometeré mi cuerpo, el de nadie más, no lo necesito. Y lo haré con el doble de esfuerzo. No pude con mi enemigo, pero esta vez no me uniré a él, sino que le daré el doble de fuerte y llegaré todavía más lejos. Ojalá le sirva a alguien mi historia. Me daría por satisfecho si pudiese servir para uno de vosotros tan solo. De momento, seguiré visitando los foros, posteando y ayudando como antaño hacía, quizás no con tanta frecuencia, pero sí con más ganas de superación. Si algo bueno tiene el retroceder al dejar de remar, es que todavía te queda más recorrido para crecer, y seguir disfrutando contemplando en el implacable espejo como vas subiendo más y mejor cada día. El culturismo es un camino sin fin, no tiene una meta que alcanzar. El culturismo para mí es aprender a disfrutar caminando por el mero hecho de hacerlo, a disfrutar con el medio y no con el fin, porque este se alcanza día a día y no tiene final. Gracias a todos, en especial a los que me apoyasteis en mi despedida, digna de recordar en aquel fatídico post, que ahora veo como si de otra vida se tratase. Ahora, llevaré con orgullo la dignidad que proporciona el sentirse culturista, desde hoy, predicaré con el ejemplo. He vuelto. Adonis. |